Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Esperanza de Triana


 

Y de pronto se ha callao
el sonar de las trompetas
y allá a lo lejos se escucha
el cante de una saeta.

Ya los fieles se apretujan
en las aceras del puente
que parece que se cae
del peso de tanta gente.

Y es que tó el mundo desea
volverla a tener en casa,
mientras le gritan llorando
¡Esperansa!, ¡guapa!, ¡guapa!

Ya se va oyendo a lo lejos
el redoble de tambores,
y por toas partes se huele
a incienso, romero y flores.

Y entre el bullicio y el llanto,
desde un balcón con masetas,
se oye en tó el río, con fervor,
el cante de la saeta.

Unos gimen, otros rien,
otros empujan pa vé
lo más bonito der sielo
que al mundo vino a nasé

Y la Virgen, despasito,
mu cansaíta y gitana,
va volviendo a poco a poco
a su querida Triana.

¡Que triste viene la pobre,
que molía y que cansá,
de tanto llorar siguiendo
al Hijo a la Catedrá!

To er mundo llora con ella,
toa Triana es un clamor
de ver a su Virgen bella
llena de tanto dolor.

Y en silencio ya se escucha
la orden der capatá,
“llevarla con cudiaíto…
no se vaya a lastimá”.

¡Mi Esperanza marinera!,
¡Madre bendita de Dios!
¡Tienes carita de pena!
¡Y vas repartiendo amor…!

© Antonio Pardal Rivas.

Recitado por Carlos Pérez Avidad.

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Esperanza Macarena


Ya contemplo tu faz tan hermosa,
ya percibo tu aroma a azucena.
Ya diviso tu cara llorosa.
Ya te acercas a mí, Macarena.

Vas andando, muy lenta, despacio,
con tu rostro bonito, de pena,
y pasitos de lento cansancio,
Virgencita de cara morena.

Unos lloran, al verte afligida,
otros cantan saetas hermosas
que nos cuentan tu llanto y tu herida,
y te ofrecen cual ramos de rosas.

Cuando veo tus ojos tan tristes.
Cuendo pienso en tu Hijo en la Cruz,
me doy cuenta de lo que sufriste,
Madre eterna de Dios y su Luz!

Poco a poco te vas acercando
a la esquina donde me cobijo,
y te rezo y te grito, llorando.
¡Madre mía, han matado a tu Hijo!

Ya el incienso da olor al ambiente,
y mi mano ya casi te alcanza.
Ya me muero de amor, solo al verte,
con tu cara de dulce Esperanza

¡Reina y Madre del gran universo!
¡Lo más bello que Dios ha creado!
¡Hoy quisiera escribirte aquí, en verso
el más tierno poema pensado!

¡Mas no puedo sacar de mi pecho,
con mi pobre y humilde escritura,
este Amor que me tiene deshecho
al pensar en tu triste amargura!

Es por ello que quiero rogarte
un favor, pués me embarga la pena:
danos paz y bondad para amarte,
Santa Madre de Dios… Macarena…

© Antonio Pardal Rivas.

Semana Santa de 2.006.

Recitado por el autor

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