Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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La flor


 

Columnas cancerberas del escondido sitio,
que guarda ocultamente la misteriosa fosa,
rodeada de trigales suaves como la seda,
y en el fondo, una rosa.

¡Guardad celosamente el rio que se oculta
en la oquedad profunda de la sima escondida,
donde habita la flor más bella de la tierra!
¡La que nos da la vida!

Llave que dulcemente, cuando abres la compuerta
del bello y cristalino manantial que proteges,
aguardas, impaciente, anhelante y gozosa,
que penetre el esqueje.

Permanece cerrada, guardiana de la vida,
hasta el momento mismo en que llegue, amoroso,
el dueño del trigal, el esqueje, y la fosa,
a fecundar la rosa…

Y cuando te lo pida aquel a quién donaste
la ternura infinita de ese tu gran amor,
no dudes en abrirte cual pétalo hechicero,
y ofrécele la flor…

© Antonio Pardal Rivas

Septiembre de 2005

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Escucha.


Escucha la tristeza de mis sueños.
Escucha el palpitar de cabalgadas
enhiestas en la fe de lo imposible.
Escucha mis palabras, que es momento
de oir lo que jamás pude decirte.

Jamás hubo varón en este mundo
que fuese más querido sin motivos
en esta trabazón de lo apacible
hoy rota por un trágico lamento
que mana de lo gélido y oscuro.

Te dí mi corazón con la alegría
de aquello que se siente irremediable
en plétora de amor incombustible,
oculto en lo profundo de mi seno
de modo colosal e inagotable.

Ansioso yo esperaba la respuesta
a tanta infinitud como entregaba
en una sinfonía sin orquesta
por un amor parejo al que te dí
sin recibir a cambio nunca nada.

Mas tanta fue la espera, tanta el ansia
de ser correspondido en mi ternura.
Tan grande fue la excelsa melodía
que oculta allá en mi pecho se albergaba.
¡Tan falta de cariño se sentía…!

Que el pecho que con fe la atesoraba
de pena y de dolor se me rompió.
Y roto en mil pedazos
sus lágrimas de sangre te ofrendé.
Hasta el último instante de mi vida…
Hasta el postrer desprecio de la tuya…

Antonio Pardal
10-10-08

QUISIERA…


 

Iría acumulando los minutos,
los días, las semanas y las horas,
que ahora desperdicio al no tenerte
y paso tristemente siempre a solas.

Haría con el tiempo un rebujito
colmado de momentos desolados,
desechos de una vida que no es vida,
carente del calor que dan tus brazos.

Y luego, cuando al fin marchase lejos,
al sitio donde ya no existe nada,
podría utilizar esos ahorros
besando con amor tu linda cara.

¡Son tantos los instantes que ahora pierdo
al no poder vivirlos junto a ti,
que siento que mi pecho se estremece
pues esta soledad ya no es vivir!

¡Quisiera aprovechar ahora que puedo
el tiempo tan escaso que me queda
libando la dulzura de tus labios
cual bálsamo que cure mi tristeza!

Mas sé que lo que quiero es imposible
y lloro silencioso en esta alcoba
con lágrimas que bañan la nostalgia
de un tiempo que mi pecho aún añora

© Antonio Pardal Rivas

15-01-08

CONSOLACIÓN


 

Cuando ya no puedo más. Cuando mi vida
se disuelve como humilde azucarillo
y destroza mis entrañas el cuchillo
pregonero de la próxima partida.

No me siento con el ánima afligida
ni me quejo con balar de cervatillo
en el monte abandonado. Miro el brillo
de la senda que he dejado florecida.

No recelo de la ley del universo
que establece que en el mismo todo fluye
como suave manantial. Pues no es perverso

dejar sitio a lo que nace y tierno bulle,
prosigiendo, interminable, lo diverso
en que todo, en su momento, se diluye.

© Antonio Pardal Rivas

6-12-07

EL LUCERO -gaita gallega-


 

Me gustaría escapar a un lucero
junto contigo tan solo, mi vida,
y descansar en pradera escondida
lleno de paz, con tu amor placentero.

Y repetirte mil veces: te quiero,
solos los dos, en pasión derretida
que mantuviese por siempre encendida
la luminaria de un fiel candelero.

¡Es que tan solo a ti quiero a mi lado!
¡Es que no siento atracción ya por nada
y aquí me siento morir acabado!

¡Vente conmigo, mi luz adorada!
¡Vente conmigo al lucero anhelado
para vivir una eterna alborada!

Antonio Pardal

24-10-07

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