Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Alzheimer (soneto alejandrino).


Cuando el tiempo me obligue a doblar la cabeza, 
y a pesar de mirarte, tu dulzura no vea. 
Cuando ya un ser humano mi persona no sea… 
Cuando, ignaro, mi cuerpo se mueva con torpeza. 

Cuando tiemblen mis manos sin rozar tu belleza, 
y mi voz ya no sepa transmitirte una idea, 
olvidando que fuiste mi adorable azalea… 
Cuando mi alma, cansada, se muera de tristeza. 

Cuando ya ni siquiera me acuerde de tu nombre. 
Cuando llegue a olvidar nuestra vida pasada. 
Cuando solo persista en mi cuerpo su faz… 

Nunca olvides los años en que yo fuí tu hombre. 
Ten presente aquel tiempo en que fuiste mi amada, 
y concédeme, cielo, el reposo y la paz… 

© Antonio Pardal Rivas.

Junio 2005.

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Escucha.


Escucha la tristeza de mis sueños.
Escucha el palpitar de cabalgadas
enhiestas en la fe de lo imposible.
Escucha mis palabras, que es momento
de oir lo que jamás pude decirte.

Jamás hubo varón en este mundo
que fuese más querido sin motivos
en esta trabazón de lo apacible
hoy rota por un trágico lamento
que mana de lo gélido y oscuro.

Te dí mi corazón con la alegría
de aquello que se siente irremediable
en plétora de amor incombustible,
oculto en lo profundo de mi seno
de modo colosal e inagotable.

Ansioso yo esperaba la respuesta
a tanta infinitud como entregaba
en una sinfonía sin orquesta
por un amor parejo al que te dí
sin recibir a cambio nunca nada.

Mas tanta fue la espera, tanta el ansia
de ser correspondido en mi ternura.
Tan grande fue la excelsa melodía
que oculta allá en mi pecho se albergaba.
¡Tan falta de cariño se sentía…!

Que el pecho que con fe la atesoraba
de pena y de dolor se me rompió.
Y roto en mil pedazos
sus lágrimas de sangre te ofrendé.
Hasta el último instante de mi vida…
Hasta el postrer desprecio de la tuya…

Antonio Pardal
10-10-08

ANHELO



Anhelame cual yo te estoy soñando,
recuerdame, pues yo a ti no te olvido.
Y piensa cuando mires a la luna
que yo también la miro.

Si el pecho se te ahoga de tristeza
y evocas los antiguos días idos
eleva hacia la luna tu mirada
que yo allí estoy contigo.

Si lloras y contemplas entre lágrimas
el mar junto al que alegres nos unimos,
escucha atentamente su oleaje,
que lleva mis suspiros.

Que yo también suspiro recordando
los días en que ambos nos tuvimos
y muero lentamente, igual que tú,
al ver que te he perdido.

© Antonio Pardal Rivas

28-05-08


FUGACIDAD


Pasó una eternidad sin que surgiese.
Al fin llegó hasta mí luz tan alada,
minúscula expresión de una alborada
tan parva que gozarla no pudiese.

Fue inmenso el resplandor. Cual si supiese
que solo era espejismo de una nada
que antes de nacer murió acabada
carente de preámbulo y de cese.

¡Mas fue tan placentero aquel inmenso
amor que nos unió en tan leve instante
que tiemblo al recordar aquel intenso

fulgor que nos cegó de luz brillante!
Y ahora, solitario, triste pienso,
¿Por qué fue tan fugaz luz tan radiante?

© Antonio Pardal Rivas
28-03-08

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