Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Alborada.


Hoy he visto nacer un nuevo día
mirando hacia el levante,
llenándose mi alma de alegría
al ver un sol radiante,

anuncio de una hermosa primavera
en que todos los hombres, como hermanos,
marchemos tras una única bandera,
cogidos de la mano.

Bandera de amor, de paz y de esperanza,
que en un tiempo futuro
que ya va surgiendo en lontananza
nos saque de este túnel tan oscuro.

¡Va llegando el momento de alegría
en que la humanidad,
luchando codo a codo y a porfía,
acabe sin piedad
con la lacra del mal y de la guerra.

Hoy he visto nacer un nuevo día
contemplando la mar,
y pensando en la gran sabiduría
del que nos quiso dar
un lugar perdido en el espacio,
tan lleno de belleza,
que anonada al contemplarlo en su grandeza

Hoy he visto nacer un nuevo día
y he mirado las flores,
que entonan una bella melodía
de aromas y colores,
y henchido de alegría
he soñado que jamás en esta tierra
se oiría el rugir de los cañones,
ni el llanto de los niños en la guerra.

¡Ah, dulces sueños de amor que me han traído
la luz de la alborada,
la placidez del mar,
y el olor de las flores!

¿Será cierta esta ilusión que yo he sentido
al ver la luz dorada,
al pájaro volar,
y al prado y sus colores?

¡Oh, dulce primavera que has llegado
henchida de fragancia,
derrama en abundancia
amor y paz, concordia y esperanza!

© Antonio Pardal Rivas.

Marzo 2005.

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Primavera


De amapolas se viste la campiña
y de nieve el almendro da sus flores;
con los predios plagados de colores,
rebrotan los sarmientos de la viña.

En el pino naciendo está la piña
y en el valle pululan ruiseñores
que cantan febrilmente sus amores
en dulce y clamorosa rebatiña.

Va surgiendo la nueva sementera
que a los llanos recubre de esmeraldas
mientras tiende su manto la pradera.

Repuntan los trigales con sus baldas…
¡Ha llegado la ansiada primavera,
y el alma se embellece con guirnaldas!.

© Antonio Pardal Rivas

30-03-07

Almendros de mi Axarquía


Despacio va cambiando el bello manto,
destello de las nieves invernales,
y el brillo de las sierras colosales
parece que descuida su albo encanto.

Escurren las laderas como un llanto
los restos de nevadas torrenciales
con agua resurgida en manantiales
que entonan, cristalino, un dulce canto.

El frío del invierno se modera
y flores por doquier cubren la tierra
pintando de colores la campiña.

Y tierna va naciendo en primavera
la flor de los almendros de mi sierra,
más blanca que los senos de una niña.

© Antonio Pardal Rivas

14-3-09

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