Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Poesía


 

Poesía es el soplo de la brisa
que acaricia la cara de la amada
cuando, dulce, pretende ser besada,
ofreciendo de sus ojos la sonrisa.

Es la luz que a lo lejos se divisa
anunciando la próxima llegada
del amor que la plácida alborada
exultante y dichosa nos avisa.

Poesía es reflejo de lo inmenso.
Es belleza en su pura quintaesencia,
que eleva a lo más alto la razón.

Es un tierno perfume a dulce incienso
que desprende el albor de la conciencia
en la suma expresión del corazón…

© Antonio Pardal Rivas

24- Septiembre-2006

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Veinte años



 

Ya llevamos juntos veinte Navidades,
y han ido pasando como en un suspiro.
Yo no soy un ángel, eso tú lo sabes.
Pero tal vez sea quien más te ha querido.

El tiempo que pasa, cambiándolo todo,
es inexorable y va dejando huella.
Tus hijos volaron y ya tienes nietos.
Mis padres, ya ancianos, agotan la cuenta.

Y el hijo que tanto nos ilusionó,
ya casi es un hombre que, en otro suspiro,
cambiará los juegos por un nuevo amor.

Pero ten seguro, mi querido esposo,
que aquella chiquilla que te quiso un día,
que te dió su alma y su juventud,

la tendrás por siempre a la vera tuya.
Porque sabes bien que soy tu otro yo.
Y el amor que siento tiene tanta fuerza
que sólo se irá con mi último adiós.

Victoria.

Dedicada a Antonio, mi amado esposo, en la Navidad de 2005.

 

Luz blanca.


 

LUZ BLANCA

Lentamente. Muy despacio
recorrieron sus ojos la gran sala,
y observó en la penumbra de la noche
su cuerpo en la camilla hospitalaria.

Y quería gritar al contemplarlo
con la Parca velándole la cama,
mas las sombras, ponzoñas y dolores
frenaban en su boca las palabras.

Mientras lejos, arriba, en la negrura
el alma, sin gritar, de horror lloraba,
veía como abajo, entre probetas,
su viejo corazón triste sangraba.

sangraba por los hijos, ya que todos,
sin causa ni razón abandonaban
al padre que a lo largo de una vida
amor y protección les entregara.

Sangraba por la triste humanidad
que en aras a la fe que abandonara
vivía el hedonismo más abyecto
hundida en la inmundicia como ratas.

Sangraba de abandono y soledad
perdido todo atisbo de esperanza
consciente del fracaso de su vida
sabiendo que al final nadie le amaba.

Clavándole su garra carnicera
sufría los envites de la Parca
sintiendola matarlo poco a poco
allá en lo más profundo de su alma.

Mas hubo en un momento de esta lucha
un rayo, en la negrura, de luz blanca;
un suave resplandor que con dulzura
su cuerpo desgarrado acariciaba.

Y un leve susurrar tierno decía:
No temas, hijo mío soy la llama
de luz de aquella madre que te espera
para, plena de amor, llevarte a casa.

¡Y allá quedose sola la camilla!
¡Y sola la negrura de la Parca!
¡Dichoso entre los brazos de su madre
cruzaron los desiertos de la nada!

Sus ojos, a lo lejos, reluciente,
un brillo de luz blanca contemplaban.
Y oía las palabras de su madre
diciéndole que ella sí lo amaba.

Curado el corazón de tantas penas
escuchando tan plácidas palabras
alabó en su agonía al Hacedor,
y fue a morir allí, donde lo amaban…

ANTONIO PARDAL

11-10-2010

Turismo…


 

¿Por qué lloras, nena?
¿Que te ha hecho esa gente?
¿Por qué tu carita tan linda refleja la pena?.

¡No llores, bonita!
¡No marques tu cara tan pura
con esa expresión que al mirarla me aterra!

¡Dame tu manita,
y oculta a la gente tu gran amargura,
que no sepa nadie el horror que te aferra!

Sé lo que sufriste
cuando te vendieron sin causa y de prisa
a aquella gentuza que allí te encerraron.

Sé que estás muy triste,
pues han destrozado a jirones tu risa,
los viles canallas que allí te explotaron.

¿Que hicieron contigo?
¿Con tus diez añitos de pura inocencia?
¿No se daban cuenta del mal que te hacían?

¡Pues yo los maldigo!
¡Malditos los hombres sin fe ni conciencia
que solo el placer pederasta querían…!

Lo llaman turismo…
y vuelan tranquilos buscando sedientos,
saciar sus perversos y odiosos instintos…

Solo quieren niños…
buscando el placer de sus cuerpos grasientos
con actos horrendos que sean distintos…

© Antonio Pardal Rivas

TU MIRADA


 


¿Por qué al mirar tus ojos me deslumbra
el suave titilar de tu pupila?
¿Será que tienes alma de sibila
y sabes que navego en la penumbra?

Tus ojos son la luz que alegre alumbra
la triste oscuridad que me obnubila,
cansada de buscar, mustia, intranquila,
la luz de amor que en ti solo vislumbra.

Y cuando me asaetas con el rayo
de tu mirada plena de alegría,
mi corazón se para, lloro y callo

hundido en la tristeza y agonía,
pues siento que me invade el cruel desmayo
de ver que amas a otro y no eres mía.

© Antonio Pardal Rivas

2-05-08


AMOR ETERNO


 

Me moriré en un rincón
del ajimez de mi casa,
recordando con tristeza
el almíbar de tu cara,
con aromas almizcleños
cual jarifa acicalada,
más bella que una azucena
rodeada de albahacas.

Me moriré lentamente
añorando tus miradas,
las que en tiempos ya pasados
me esclavizaron el alma,
cuando lanzaban destellos
de tu carita alhajada
por los más bellos caireles
de corales y alboradas.

Me moriré con la pena
de recordar la almohada
donde de noche, a mi lado,
tu cabello se enredaba
negro como el azabache,
mientras tranquila soñabas,
descansando entre mis brazos,
con estrellas nacaradas.

Y cuando ya me haya ido
allí donde van las almas,
te aguardaré hasta que llegues
en la mismita antesala,
pues para mí no habrá cielo,
jardín, edén ni nirvana,
mientras tú no estés conmigo
eternamente abrazada.

© Antonio Pardal Rivas

21-01-08

FLOR DE LOTO


 

Quisiera ser el agua que refresca
tus pies hermosos en la blanca playa.
Quisiera ser el céfiro que besa
la suave luz que emana de tu cara.

Son tantos los anhelos que se enredan
en sueños olvidados de esperanza,
que muero por estar siempre a tu vera
y vivo un sinvivir que nunca acaba.

Y así paso los días lentamente
besándote de lejos con los ojos,
callado, entristecido, solo, inerme,

sabiendo que eres tierna flor de loto
ajena a la tristeza de mi suerte,
oculta en el dolor con que te adoro.

© Antonio Pardal Rivas

17-12-07

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