Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Ojos de gacela


 

Ojos de gacela
que dulces me miran,
no apartes tu vista
que me da la vida.
Pues si así lo hicieses
yo me moriría.

Ojos de gacela
sígueme mirando,
con tu cara hermosa,
con tu tierno encanto.
Pues si no me miras
me ahogaré en el llanto.

Ojos de gacela
que pace en mi prado.
No me dejes nunca.
Quédate a mi lado,
que si tú te marchas
mi vida ha acabado.

Ojos de gacela.
La única que quiero.
Con perfume a rosas,
jazmín y romero.
Sígueme ofreciendo
tu mirar de cielo.

Que cuando me miras
con tus negros ojos,
¡No sé que me entra!.
¡No sé lo que siento…!
Tan solo me sale,
¡Mi niña, te quiero…!

© Antonio Pardal Rivas

Febrero, 2006

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TU MIRADA


 


¿Por qué al mirar tus ojos me deslumbra
el suave titilar de tu pupila?
¿Será que tienes alma de sibila
y sabes que navego en la penumbra?

Tus ojos son la luz que alegre alumbra
la triste oscuridad que me obnubila,
cansada de buscar, mustia, intranquila,
la luz de amor que en ti solo vislumbra.

Y cuando me asaetas con el rayo
de tu mirada plena de alegría,
mi corazón se para, lloro y callo

hundido en la tristeza y agonía,
pues siento que me invade el cruel desmayo
de ver que amas a otro y no eres mía.

© Antonio Pardal Rivas

2-05-08


LA CRISTIANA


 

Alfaquíes de mi reino,
doctores de mi Granada,
¿No veis que me estoy muriendo
por culpa de una cristiana?
¿No veis que mis ojos lloran
como alfaguaras de plata
cuando estrecho entre mis brazos
a mi adorada Soraya?

-Muley Hacen, ¿Por qué gimes
si sabes que una pagana
nunca podrá suplantar
a la Horra mahometana
por mucho que tú la adores
y aprenda en una madrasa
versículos del Corán
y las suras musulmanas?-

¡Ay, flor de valles lejanos,
la de carita de nácar,
aquella que tanto quiero
y no puedo hacer sultana!
¡Por ti abandono mi reino,
y al Zagal le doy mi Alhambra!
¡Y hasta Al-Ándalus florida
a Boabdil le dejara!

¡Ay, cristiana de ojos garzos
y de melena dorada,
los hoyuelos que se forman
cuando sonríe tu cara
han conseguido que olvide
las bellezas de mi Alhambra
alhajada por encajes
de estucos y filigranas…!

Y aunque pasen mil veranos
y las flores se secaran
en los jardines de ensueño
que al Zagal le regalara,
hay un rincón que no he dado,
pues será eterna morada
de esta pasión que nos une:
mi balcón de Lindaraja…

En él besaré tu cuerpo.
En él miraré tu cara,
y en sus arcadas floridas
uniremos nuestras almas,
respirando eternamente
el aroma de albahacas
que baja por las laderas
de nuestra Sierra Nevada.

© Antonio Pardal Rivas

19-02-08

LAXITUD


 

La dulce laxitud que siento al verte
vestida con el traje de fulgores
que nátura te dió, como a las flores,
exulta este gran gozo de tenerte.

La tierna sensación de poseerte
transida entre mis brazos, en albores
de amor y plenitud cautivadores,
aplaca mis angustias de perderte.

Tus ojos al mirarme me diluyen
en el grandioso amor del universo
y me hacen elevarme a lo sublime.

Al sitio donde eufóricos confluyen,
canción, amor, ternura, luz y verso
y el alma enajenada ríe y gime.

© Antonio Pardal Rivas

04-10-07

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