Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Madre. Soneto en gaita gallega.


Dedicado en el día de la madre a la mujer que me dió la vida.

Madre que estás esperándome sola
en los confines del orbe infinito,
goza, que llega el momento ya escrito
del resplandor de una hermosa aureola.

Pronto oleré tu perfume a amapola
y abrazaré el recipiente bendito
donde entregaste con mimo exquisito
vida a mi ser con tu dulce parola.

Y cuando llegue el instante anhelado
en que el gran Dios designó su momento
para dejarme volver a tu lado,

mi corazón saltará de contento,
ya para siempre a tu ser abrazado,
paladeando el dulzor de tu aliento.

Antonio Pardal Rivas

26-09-09

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La sombra


 

Hay una sombra que llevo guardada
en mi memoria y no sé lo que siento.
Cuando recuerdo aquel día presiento
que por la noche me vela callada.

Fue aquella tarde en que ví su mirada
reconociendo a su hijo. Su aliento
fijo quedóse mirándome atento,
para después refugiarse en la nada.

Años pasaron sintiendo ya ausente
a un triste cuerpo que vivo latía
hasta que, huero, sin alma murió.

Tengo una duda que abruma mi mente
al ver la sombra que siempre me guía:
si en la mirada su alma me dió.

© Antonio Pardal Rivas.

03-01-07

A mi madre


En un rincón sombrío de la cerrada estancia,
ensimismado me hallo, rememorando el día
en que sus blancas manos llenaban de armonía
la placidez remota de mi lejana infancia.

Aún llevo muy grabada la sublime prestancia
con que su dulce magia, al piano mecía
y yo, junto a su cara, embelesado oía
aquel nocturno alado cargado de fragancia.

Desde que se marchó, rodeada de jazmines,
la voz de su piano nunca volvió a cantar,
y en un rincón sombrío de este salón helado

siento una gran envidia por esos querubines
que en el cielo disfrutan oyéndola tocar,
mientras lloro y ansío volver pronto a su lado.

© Antonio Pardal Rivas

3-octubre-2006

Alerta


ALERTA

Alerta estate, madre, estate alerta,
que aquesta placidez es engañosa.
Alerta y vigilando la negrura
que oculta sibilina la honda fosa.

Vigila y vela, madre, no confíes
del alba, del amor y de las rosas.
Aparta de tu lado la belleza
que oculta la maldad de ciertas cosas.

Recuerda, madre, acuérdate del padre
que libre peroraba en voz gritona
de España, de su tierra, de su gente,
y cómo lo acallaron con pistolas.

La historia es carrusel que se repite
y viene a recordar en mala hora
los hechos de un pasado que ya vuelve
oculto en el olor de la carroña.

Alerta estate, madre, estate alerta,
que ha vuelto la locura aterradora
y pronto volveremos a matarnos
en esta hermosa tierra, triste y rota.

Antonio Pardal Rivas
11-11-2010

Luz blanca.


 

LUZ BLANCA

Lentamente. Muy despacio
recorrieron sus ojos la gran sala,
y observó en la penumbra de la noche
su cuerpo en la camilla hospitalaria.

Y quería gritar al contemplarlo
con la Parca velándole la cama,
mas las sombras, ponzoñas y dolores
frenaban en su boca las palabras.

Mientras lejos, arriba, en la negrura
el alma, sin gritar, de horror lloraba,
veía como abajo, entre probetas,
su viejo corazón triste sangraba.

sangraba por los hijos, ya que todos,
sin causa ni razón abandonaban
al padre que a lo largo de una vida
amor y protección les entregara.

Sangraba por la triste humanidad
que en aras a la fe que abandonara
vivía el hedonismo más abyecto
hundida en la inmundicia como ratas.

Sangraba de abandono y soledad
perdido todo atisbo de esperanza
consciente del fracaso de su vida
sabiendo que al final nadie le amaba.

Clavándole su garra carnicera
sufría los envites de la Parca
sintiendola matarlo poco a poco
allá en lo más profundo de su alma.

Mas hubo en un momento de esta lucha
un rayo, en la negrura, de luz blanca;
un suave resplandor que con dulzura
su cuerpo desgarrado acariciaba.

Y un leve susurrar tierno decía:
No temas, hijo mío soy la llama
de luz de aquella madre que te espera
para, plena de amor, llevarte a casa.

¡Y allá quedose sola la camilla!
¡Y sola la negrura de la Parca!
¡Dichoso entre los brazos de su madre
cruzaron los desiertos de la nada!

Sus ojos, a lo lejos, reluciente,
un brillo de luz blanca contemplaban.
Y oía las palabras de su madre
diciéndole que ella sí lo amaba.

Curado el corazón de tantas penas
escuchando tan plácidas palabras
alabó en su agonía al Hacedor,
y fue a morir allí, donde lo amaban…

ANTONIO PARDAL

11-10-2010

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