Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Entradas etiquetadas como ‘esperanza’

Alborada.


Hoy he visto nacer un nuevo día
mirando hacia el levante,
llenándose mi alma de alegría
al ver un sol radiante,

anuncio de una hermosa primavera
en que todos los hombres, como hermanos,
marchemos tras una única bandera,
cogidos de la mano.

Bandera de amor, de paz y de esperanza,
que en un tiempo futuro
que ya va surgiendo en lontananza
nos saque de este túnel tan oscuro.

¡Va llegando el momento de alegría
en que la humanidad,
luchando codo a codo y a porfía,
acabe sin piedad
con la lacra del mal y de la guerra.

Hoy he visto nacer un nuevo día
contemplando la mar,
y pensando en la gran sabiduría
del que nos quiso dar
un lugar perdido en el espacio,
tan lleno de belleza,
que anonada al contemplarlo en su grandeza

Hoy he visto nacer un nuevo día
y he mirado las flores,
que entonan una bella melodía
de aromas y colores,
y henchido de alegría
he soñado que jamás en esta tierra
se oiría el rugir de los cañones,
ni el llanto de los niños en la guerra.

¡Ah, dulces sueños de amor que me han traído
la luz de la alborada,
la placidez del mar,
y el olor de las flores!

¿Será cierta esta ilusión que yo he sentido
al ver la luz dorada,
al pájaro volar,
y al prado y sus colores?

¡Oh, dulce primavera que has llegado
henchida de fragancia,
derrama en abundancia
amor y paz, concordia y esperanza!

© Antonio Pardal Rivas.

Marzo 2005.

Anuncios

Esperanza de Triana


 

Y de pronto se ha callao
el sonar de las trompetas
y allá a lo lejos se escucha
el cante de una saeta.

Ya los fieles se apretujan
en las aceras del puente
que parece que se cae
del peso de tanta gente.

Y es que tó el mundo desea
volverla a tener en casa,
mientras le gritan llorando
¡Esperansa!, ¡guapa!, ¡guapa!

Ya se va oyendo a lo lejos
el redoble de tambores,
y por toas partes se huele
a incienso, romero y flores.

Y entre el bullicio y el llanto,
desde un balcón con masetas,
se oye en tó el río, con fervor,
el cante de la saeta.

Unos gimen, otros rien,
otros empujan pa vé
lo más bonito der sielo
que al mundo vino a nasé

Y la Virgen, despasito,
mu cansaíta y gitana,
va volviendo a poco a poco
a su querida Triana.

¡Que triste viene la pobre,
que molía y que cansá,
de tanto llorar siguiendo
al Hijo a la Catedrá!

To er mundo llora con ella,
toa Triana es un clamor
de ver a su Virgen bella
llena de tanto dolor.

Y en silencio ya se escucha
la orden der capatá,
“llevarla con cudiaíto…
no se vaya a lastimá”.

¡Mi Esperanza marinera!,
¡Madre bendita de Dios!
¡Tienes carita de pena!
¡Y vas repartiendo amor…!

© Antonio Pardal Rivas.

Recitado por Carlos Pérez Avidad.

Esperanza Macarena


Ya contemplo tu faz tan hermosa,
ya percibo tu aroma a azucena.
Ya diviso tu cara llorosa.
Ya te acercas a mí, Macarena.

Vas andando, muy lenta, despacio,
con tu rostro bonito, de pena,
y pasitos de lento cansancio,
Virgencita de cara morena.

Unos lloran, al verte afligida,
otros cantan saetas hermosas
que nos cuentan tu llanto y tu herida,
y te ofrecen cual ramos de rosas.

Cuando veo tus ojos tan tristes.
Cuendo pienso en tu Hijo en la Cruz,
me doy cuenta de lo que sufriste,
Madre eterna de Dios y su Luz!

Poco a poco te vas acercando
a la esquina donde me cobijo,
y te rezo y te grito, llorando.
¡Madre mía, han matado a tu Hijo!

Ya el incienso da olor al ambiente,
y mi mano ya casi te alcanza.
Ya me muero de amor, solo al verte,
con tu cara de dulce Esperanza

¡Reina y Madre del gran universo!
¡Lo más bello que Dios ha creado!
¡Hoy quisiera escribirte aquí, en verso
el más tierno poema pensado!

¡Mas no puedo sacar de mi pecho,
con mi pobre y humilde escritura,
este Amor que me tiene deshecho
al pensar en tu triste amargura!

Es por ello que quiero rogarte
un favor, pués me embarga la pena:
danos paz y bondad para amarte,
Santa Madre de Dios… Macarena…

© Antonio Pardal Rivas.

Semana Santa de 2.006.

Recitado por el autor

FLOR DE LOTO


 

Quisiera ser el agua que refresca
tus pies hermosos en la blanca playa.
Quisiera ser el céfiro que besa
la suave luz que emana de tu cara.

Son tantos los anhelos que se enredan
en sueños olvidados de esperanza,
que muero por estar siempre a tu vera
y vivo un sinvivir que nunca acaba.

Y así paso los días lentamente
besándote de lejos con los ojos,
callado, entristecido, solo, inerme,

sabiendo que eres tierna flor de loto
ajena a la tristeza de mi suerte,
oculta en el dolor con que te adoro.

© Antonio Pardal Rivas

17-12-07

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: