Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Aquel beso


Vuelve a mi memoria el recuerdo lejano
de tu cara de niña, sencilla e inocente
que, dándome la mano,
y cándida, cual rosa, pero con pecho ardiente,

me entregaste la ofrenda de aquel beso.
Callada, ruborosa, con cuerpo tembloroso,
gocé por vez primera de un sentimiento hermoso:
la dulce placidez de aquel tierno embeleso…

Hoy, que en mi vejez me siento abandonado,
no puedo apartar de mi memoria
aquella dulce historia
que nunca de mi mente se ha borrado.

Y como bálsamo bueno restaño las heridas
trayendo a mi memoria aquel instante puro.
Y lamo los zarpazos que me ha dado la vida
en este caminar hacia la muerte,
tan áspero y tan duro…
ansiando solamente poder volver a verte.

© Antonio Pardal Rivas.

Febrero 2004.

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Amor


Jamás olvidaré tan dulces hechos.
Las bocas se fundían ciegamente
en beso interminable y absorbente
que nunca nos dejaba satisfechos.

Los brazos se enlazaban en estrechos
y cálidos engarces, vehemente
reflejo de pasión y tan ardiente
que ya no soportaban nuestros pechos.

Mi cuerpo penetraba en su interior,
sintiendo de su sangre los latidos,
hendiéndolo ardoroso con amor.

Tan grande fue el deleite en los sentidos
causado por un fuego abrasador,
que el orbe conmoviose entre gemidos.

© Antonio Pardal Rivas

17-05-07

MI NIÑA


Y la niña bonita se sonreía.
¡La niña más bonita del mundo entero!
Y con sus ojos garzos va y me decía:
Niño de piel morena, ¡Como te quiero!

Y yo muy suavemente le acariciaba
su carita de rosa, su rubio pelo,
sus manos de paloma, su lindo talle
y rozaba mimoso su suave seno.

Y la niña, azorada, se sonreía
abriendo su camisa de terciopelo,
en el prado florido, junto al arroyo,
dejándome besarle su lindo pecho.

Y así pasaba el tiempo, sin darnos cuenta
de que el sol se marchaba con paso lento
y en la noche estrellada de luna nueva
su cuerpo era mi cuerpo, que estaba dentro.

Su boca era mi boca, su piel la mía,
y míos sus pezones de caramelo.
Y sus manos, su vientre, sus muslos albos
que movía despacio, junto a mi sexo.

Y la niña bonita ahora gemía
en la noche sin luna y de cielo negro,
al sentir en el prado, junto al arroyo
mi cuerpo entre sus muslos, dentro, muy dentro

Antonio Pardal
17-02-09

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