Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Guadalquivir. Soneto heróico.


Con suave majestad, como en un rito
legado de antiquísima cultura
desliza su verdor por la llanura
buscando al gran oceano infinito.

Su andar tiene la paz del morabito
huyendo del fragor de la angostura,
solemne con su mágica andadura
lejana del marjal y del granito.

¡Gentil Wadi al-Kabir, mi amado río!
¡Oh, dulce manantial que en su bondad,
Dios quiso regalar a Andalucía!

Al ver tu mansedumbre y poderío
comprendo la grandiosa dignidad
del pueblo al que regalas tu hidalguía.

© Antonio Pardal Rivas
24-09-07

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Mi patria


 

Bellos rincones donde yo he vivido.
Tierra querida que amo con baquía,
pues todas sus sendas he recorrido…
¡Es mi Andalucía…!

En ella se nace, se vive y se ama…
en los blancos pueblos de la tierra mía,
que huelen a espliego, a jazmín y a retama
¡En mi Andalucía…!

Altas montañas cubiertas de nieve.
Playas plagadas de ocultas bahías.
Suaves praderas de hermoso relieve…
¡Bella Andalucía…!

Dulces acordes de guitarra mora,
Cantes de penas, de fe o alegría,
tierna nostalgia de amores de otrora…
¡Canta, Andalucía…!

Noches con cielos brillantes de estrellas.
Besos robados tras la celosía
a tus mujeres hermosas y bellas.
¡Ama, Andalucía…!

Mágicos ojos, negros cual la noche.
Dulces mujeres, como la ambrosía.
Suave suspiro que oculta un reproche…
¡Llora, Andalucía…!

Verdes jardines cuajados de flores.
Tiernos abrazos junto a la alfajía,
mientras se cruzan palabras de amores…
¡Vive, Andalucía…!

¡Tierra sagrada donde yo nací!
¡Tierra del sol, de la luz y alegría!
¡Quiero cantarte mi amor, hoy, aquí…
a ti, Patria mía…!

© Antonio Pardal Rivas

Julio 2005.

 

Cantares


En la verde planicie de nuestra Andalucía
desde lejos se escucha la voz de un bello cante
que duele en las entrañas con su gemir distante.
Me embrujan sus lamentos… Respiro poesía…

Y siento a borbotones con esa melodía,
suspiros en el alma, quejidos de un errante
hechizo que la envuelve bajo la luz radiante
que enciende los sentidos en esta tierra mía.

¡Cantares de quereres! ¡Y también de tristeza!
¡Cantares que te alegran o te matan de pena!
¡Que vuelan por sus llanos! ¡Que surcan por sus mares!

¡Cantares que te muestran el temple y la nobleza
de aquellos rudos hombres que, con su piel morena,
al viento van lanzando venturas y pesares!

© Antonio Pardal Rivas

Octubre-2006

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