Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Entradas etiquetadas como ‘amor’

Alégrate.


Alégrate, mi vida, no estés triste.
No pienses en los años que has cumplido.
Es prueba de que alegre has recorrido
la senda que detrás siempre tuviste.

Delante mira solo, pues existe
un tramo que se encuentra aún escondido,
que puede ser radiante y florecido
premiándote el amor que repartiste.

La vida es ignorada singladura
por mares de ilusión y fantasía,
que debe ser surcada con cordura.

Olvida su falaz dicotomía.
Medita solamente en tu andadura,
y apura hasta el final la travesía.

© Antonio Pardal Rivas

14-02-07.

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Sonrisa. Soneto asonante.


Tierna sonrisa que alumbra tu cara
cuando mirando tus ojos te hablo
y rememoro los días de antaño
en que te amé por tu dulce mirada.

Tierna sonrisa que sola me habla
de aquel estío que nunca olvidamos,
cuando los cuerpos de ambos se amaron
sobre el blancor de la arena en la playa.

Esa sonrisa callada y gachona
que, silenciosa, es un canto al amor,
es ventanal en que tu alma se asoma

y me revela tu fiel corazón.
Esa sonrisa que al verla me arroba
lleva marcadas las manos de Dios.

© Antonio Pardal Rivas

30-noviembre-2006

Tu mirada.


Si en Gaia ningún hombre ya cantase
y en el mar toda vida se extinguiera.
Si en el cielo el gran Sol ya no luciera
y a los seres jamás nos calentase.

Si el trinar de los pájaros cesase
y el color de las flores se perdiera.
Si el desierto secase la pradera
y el halo de la luna se apagase.

Cuando ya no existiese la alborada,
y nunca resurgiesen las auroras,
pues la luz de los astros pereciera.

Cautivo en el fulgor de tu mirada,
te amaría, mujer, a todas horas,
e igual que ahora te quiero te quisiera…

© Antonio Pardal Rivas

Abril 2005.

El triunfo del amor


Hubo una día en que el mar se transformó en la noche.
Y todo estaba oscuro.
Y todo silencioso.
Del cielo se marcharon miriadas de luceros.
El aire no existía,
ni el agua se movía.
Todo era tenebroso…

Yo quería gritar rompiendo el maleficio,
mas no surgía el sonido por más que lo intentaba.
Y en silencio lloraba
sufriendo tal suplicio.

Hubo un tiempo de muerte, de profunda negrura,
en que todo era paz.
Pero una paz extraña,
que me mataba el alma,
plagada de amargura…

¡Hasta la misma Luna del cielo se había ido,
dejando el firmamento sin su plateada luz!
¡Ay, malhadada noche que nunca terminaba,
pues también había huído
la luz de la alborada…!

Y yo, triste, pensaba, al ver tanta quietud:
¿Cual será el gran pecado que se habrá cometido?
¿Qué cosa habrá pasado
para que se hayan ido?

¡Amargura infinita que embarga el alma mía!
¡No gimas sin motivos!
¡Ya volverá de nuevo la luz de un bello día!
¡Ya acabará tu cruz…!

Yo sé que habrá un instante de dicha y alegría,
en que amanecerá.
Y un sol esplendoroso
calentará otra vez el frío que me embarga,
naciendo un nuevo día pletórico de luz…

Yo sé que habrá un instante en que esta pesadilla
sin duda, acabará…
y llegado el momento de una nueva alborada

¡El amor triunfará…!

© Antonio Pardal Rivas

Octubre 2004.

Mi ángel


A Victoria, mi ángel, en el día del Amor.

Fui recorriendo caminos
y recogiendo fracasos.
Nunca sabré quién fallaba,
si era yo el equivocado
o el mundo era el gran ingrato.

Luché con uñas y dientes
durante años y años
para conseguir amigos
en quien volcar mi ternura.
Y el premio que recibí
fue tristeza y amargura.

Ayudé con ilusión
al carente de fortuna,
y por más que lo intenté
no trabé amistad alguna,
pues mientras más amor di
más solitario me vi.

Solo existe una persona
que ha sabido comprenderme,
y me adora y reverencia
no cansándola el quererme.

Ese ángel de bondad
me rodea de ternura,
alivia todas mis penas
y me ama con locura.

Pero es tanto el desengaño
que las personas me causan,
y la actitud de este ser
es tan hermosa y gallarda,

que dudo ya seriamente
si se trata de un humano
o, por un favor divino,
es mi Angel de la Guarda.

© Antonio Pardal Rivas.

Septiembre 2005

El clavel


Eres flor de verano, placentera,
unida con clavel viejo y marchito
lanzándole un olor tan exquisito
que enerva su vejez seria y austera.

Ayer eras capullo en primavera
e hiciste del clavel tu favorito,
logrando transformarlo en tu epifito
saltándote del tiempo la barrera.

Me da pena el clavel, que se deshoja
mirando la belleza de la flor
en una presumible paradoja,

pues sufre con tristeza tal dolor,
amándola tan lleno de congoja,
que va a tener un fin desgarrador.

© Antonio Pardal Rivas

25-05-07

¿Amor?


¿Amor?
¿Tú me hablas de amor, mujer bella…?
¿Tú te precias de saber que es eso…?
¡Si no sabes sentir ese dulce embeleso…!

¡Ay amiga, que pena me das!
¡El amor no es eso que tú vas cantando!
El amor es más, ¡mucho más!
¡El amor es dar sin pedir nada a cambio!
El amor es rosa que da su fragancia,
a larga distancia.
El amor es querer lo mejor para el otro
con toda tu alma…
El amor es entrega, es ofrenda, es dulzura.
El amor es ternura.
Es saber que el amado
no se siente jamás olvidado…

Eso y más es amor, vida mía:
es pensar cada día
cómo hacer más feliz a otro ser,
olvidando tus propios deseos.
Es gozar de ese dulce aleteo
de calmar su sed.

El amor es constancia,
enemigo de toda arrogancia,
es humilde, callado, silente,
y de toda maldad es carente.
El amor nunca busca el bien propio,
su mayor alegría
es vivir cada día
la dicha del otro.

El que ama dedica su vida
no a sentirse feliz; solo ansía
buscar la senda escondida
de cuidar a su amor, sin falsía.
Tú, mi dulce y preciosa azucena,
te la das de buena,
y vas pregonando a quien quiere oirte
los amores que nunca sentiste.

Pero te equivocas, mujercita hermosa,
¡¡Tú estas hecha para ser querida,
mas siempre haces daño, orgullosa,
y dejas abierta una herida…!!

© Antonio Pardal Rivas

Diciembre 2004

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