Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

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Mi sultana.


Debajo de mi ventana
hay mil rosas encendidas
y a su verita un jazmín
cuyo aroma me obnubila.

En las noches que mis sueños
las estrellas iluminan,
aunque tocarlas no puedo,
desde muy lejos me miran

con brillos de candilejas
titilando diamantinas.
Y al mirarlas me recuerdan
cuando su boca era mía.

Debajo de mi ventana
también lucen y se agitan
junto a las frescas acequias
de alfaguaras escondidas,

luciérnagas ataviadas
de oropel y pedrerías,
ocultas entre aliagas,
zarzales y margaritas,

como trocitos de cielo
que refulgiendo me animan
a recordar mis anhelos
bajo su luz ambarina.

Debajo de mi ventana
me arrulla la melodía
de las rumorosas aguas
que atraviesan la campiña

regando las bellas flores
que me alivian las heridas
que destrozaron mi alma
aquel día de su huída.

¡Ay, ventana, mi ventana,
que guarda mi amanecida
esperando a la cristiana
que me robó la sonrisa!

¡Águilas de mis montañas!
¡Vientos que vais a Castilla
y que todas las mañanas
cruzais la tierra enemiga!

¡Buscadla, por Dios, buscadla!
¡Decidle a mi princesita
que vuelva a mi lado rauda!
¡A su Alhambra granadina!

¡Que no hay lugar en la tierra
en que fuere más querida
que donde llegó a ser reina
cuando arribó de cautiva!

© Antonio Pardal Rivas

23-07-07

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LA CRISTIANA


 

Alfaquíes de mi reino,
doctores de mi Granada,
¿No veis que me estoy muriendo
por culpa de una cristiana?
¿No veis que mis ojos lloran
como alfaguaras de plata
cuando estrecho entre mis brazos
a mi adorada Soraya?

-Muley Hacen, ¿Por qué gimes
si sabes que una pagana
nunca podrá suplantar
a la Horra mahometana
por mucho que tú la adores
y aprenda en una madrasa
versículos del Corán
y las suras musulmanas?-

¡Ay, flor de valles lejanos,
la de carita de nácar,
aquella que tanto quiero
y no puedo hacer sultana!
¡Por ti abandono mi reino,
y al Zagal le doy mi Alhambra!
¡Y hasta Al-Ándalus florida
a Boabdil le dejara!

¡Ay, cristiana de ojos garzos
y de melena dorada,
los hoyuelos que se forman
cuando sonríe tu cara
han conseguido que olvide
las bellezas de mi Alhambra
alhajada por encajes
de estucos y filigranas…!

Y aunque pasen mil veranos
y las flores se secaran
en los jardines de ensueño
que al Zagal le regalara,
hay un rincón que no he dado,
pues será eterna morada
de esta pasión que nos une:
mi balcón de Lindaraja…

En él besaré tu cuerpo.
En él miraré tu cara,
y en sus arcadas floridas
uniremos nuestras almas,
respirando eternamente
el aroma de albahacas
que baja por las laderas
de nuestra Sierra Nevada.

© Antonio Pardal Rivas

19-02-08

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