Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para 29 julio, 2011

Dulcinea.


El halo inmarcesible de la luna,
el bello titilar de cada estrella,
no pueden compararse, mujer bella,
contigo, la sin par, como ninguna.

En Toboso tuviste tu alta cuna,
¡Oh preciosa y dulcísima doncella!
En la Mancha dejaste tu honda huella,
y Castilla gozó de gran fortuna.

De España eres orgullo y eres gloria,
tierno amor del andante caballero
Don Quijote, fermosa Dulcinea.

Él lidió, consiguiendo la victoria,
en lucha desigual, con valor fiero,
defendiendo tu honor en la pelea.

© Antonio Pardal Rivas

Abril 2005.

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Mi amiga.


Yo tuve hace tiempo una amiga buena,
con un tierno afecto que nunca fallaba;
su cara era noble, sincera y serena
cuando me miraba.

Era mi consuelo cuando la tristeza
llenaba mi pecho de amarga aflicción.
Creía en su alma llena de belleza,
y en su comprensión…

Yo tuve una amiga, con afecto puro.
Solo nos unía la amistad sincera.
No había entre nosotros rincones oscuros.
Solo amiga era.

Decía unas cosas de tal hermosura,
que eran como luces de un bello color.
¡Hablaba de todo con tanta dulzura…!
Parecía una flor…

¿Donde estás amiga?, ¿Por qué te marchaste?
¿No ves el puñal que injusta has clavado?
¿Por qué, amiga buena, por qué me fallaste?
¿Por qué me has dejado?

Ya no volverán los tiempos de antaño…
Jamás ya las flores me darán su olor…
Ha sido muy fuerte mi gran desengaño…
Me embarga el dolor…

© Antonio Pardal Rivas

Agosto 2005.

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