Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para 26 julio, 2011

Gorrión. En gaita gallega.


Oh, gorrioncillo que, humilde, gorjeas
en la enramada del árbol más alto,
cuida tu vida del bravo milano
mientras cantando los campos alegras.

Es que quizás tu bondad no comprenda
que existen seres que escuchan tu canto
y que te acechan, lejanos y altos,
mientras celebras tu dicha con ella.

Guarda silencio si observas que miran
hacia el ramal donde te hallas a gusto
y vete pronto al zarzal más tupido.

Y desde él, si ya ves que te olvidan,
sigue entonando tus bellos arrullos
para la amada a quien lanzas tus trinos.

© Antonio Pardal Rivas

27-noviembre-2006

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Temor.


Quiero mostrarte el amor que yo siento
cuando te abrazo en la noche estrellada
en la pradera de hierba alfombrada,
mientras aspiro despacio tu aliento.

Quiero ceñir con pasión, avariento,
tu suave pecho de piel nacarada
y recrearme en tu faz desmayada
con tus cabellos meciéndose al viento.

Es el instante en que estalla mi amor,
pues no comprendo que tenga la suerte
de que tú seas mi fiel compañera,

y me tortura el enorme temor
de que algún un día tendré que perderte,
cuando aparezca la dama que espera.

© Antonio Pardal Rivas

17-noviembre-2006

La meiga.


Hubo una vez una linda doncella,
sin conocer del amor su embeleso.
Nunca alcanzó a saber qué era eso
de contemplar junto a otro una estrella.

Nunca dejó en un alma su huella,
ni demostró su ternura en un beso…
Mas una meiga escondida en lo espeso,
díjole así a esa joven tan bella:

Es el amor ofrecer tu fragancia
para que el ser al que quiera tu pecho
busque a tu lado, dichoso, el solaz,

y guarde siempre la dulce constancia,
que lo conduzca a encontrar en tu lecho,
un tierno abrazo, el reposo y la paz.

© Antonio Pardal Rivas

16-noviembre-2006

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