Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para junio, 2011

El sueño.


 

Se me paró el corazón. Y soñaba.
Soñaba que moría.
Un péndulo de aromas hechiceros me mecía.
Sabor a dulce néctar que en mi boca volcaba
un blanco manantial, me recordaba
la aurora de un principio ya olvidado.
Y reía y lloraba como un tierno bebé.
Como un pétalo de flor recien nacida.
Como llora la luna al ocultarse.
Como rie la flor cuando canta el jilguero.

Era extraño aquel sueño.
Nunca había contemplado tal belleza.
No existían ni el tiempo ni el espacio.
Tampoco la alegría o la tristeza.
Sólo una dulce paz y aquel aroma…
Mas sabía que moría, que era el fin.
¿O era el principio? No lo sé….
Tampoco sé lo que duró tan dulce sueño.
Si fue solo un segundo
o una infinita eternidad.
Solo sé que hubo un momento en que el hechizo se rompió.

Y dejé de soñar cosas tan bellas.
Desperté rodeado de seres con albura,
que habían demorado mi viaje a las estrellas…

© Antonio Pardal Rivas.

26-11-07

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¡Ozú, qué caló!


¡Maresita de mi arma, que caló jase!
Me voy al patio un rato, bajo la vela
a vé si allí, a la sombra, cojo resuello,
que en la calle parece que hace candela.

Viá descansá un poquito en la mesedora,
con el búcaro al lao, de agua fresquita,
y el abanico viejo de tia Isidora,
a vé si estos sudores va y se me quitan.

Y pa colmo de males, l’Ayuntamiento,
con esto la sequía nos corta el agua
y vamos a diñarla todos sedientos,
que tamos tos metíos en una fragua.

¡Ay, omaíta mía, qué caló jase!
¡Y el río Genil mas seco cunasparteña!
¿Ande meto mi cuerpo pa refrescarlo?
Si la alberca esta llena, ¡pero de leña!

Arrimame el botijo, que dé un buchito,
ante que se vapore lagua que tiene,
que por dentro me encuentro mas que sequito
aunque el suó por fuera me va y me viene.

¿Que dice ese parato de la paré?
¿Po no apunta la buja pa los cincuenta?
¡Esto ya no lo aguanta ni el tío Manué,
que estuvo en el Sahara en el año treinta!

¡Ahora mesmito saco la fragoneta,
y le dejo la perra a nuestro vecino!
¡Mare, saca a toa bulla nuestra maleta,
que nos vamos zumbando a Torremolino!

© Antonio Pardal Rivas

Julio, 2006

Tu pelo.


Blondo cabello que mece la brisa
como un trigal de amapolas cuajado,
roza mi rostro cual tenue brocado
mientras que siento el cristal de tu risa.

Deja que el céfiro bese sin prisa
esa melena en que brilla el tostado
áureo color de un pajizo dorado
que con el sol, alumbrando, se irisa.

Nunca me canso de ver tu melena,
dulce fetiche que calma mi anhelo
cual talismán que a mi alma serena.

Cuando te observo en la mar bajo el cielo
con tu aureola de hermosa sirena
veo la gloria de Dios en tu pelo.

© Antonio Pardal Rivas

26-01-07

Ocaso


En esta triste tarde,
en que el invierno ennegrece las olas marinas,
triste contemplo desde mi ventana
cómo se extingue otro día de mi vida,
gris, macilento, cargado de estruendo,
tanto en el cielo, como allá, en el mar.

Rugen las olas con furia,
mientras que el cielo truena sin cesar.
Vuelan las ramas del arbol caídas
bajo el empuje del fuerte huracán.
Sólo ilumina al negror que me envuelve,
la luz del rayo, antes de tronar.

En esta triste tarde,
en que me acosan las fuerzas del mal,
lloro, mirando desde mi ventana
cómo descargan las oscuras nubes
trombas inmensas de gélidas aguas,
tanto en la tierra, como allá, en el mar.

Tiembla mi alma aterrada,
mientras me envuelve la noche en su manto
en esta tarde de frío invernal.
¡Ya sólo siento desde mi ventana
a los rugidos de rayos que estallan,
como centellas en la oscuridad!

En esta triste tarde,
sufro en el alma una amarga agonía,
pues sé que mis ojos cansados y viejos,
ya no verán otra primavera.
Ni al sol, a las flores..a la luz del cielo.
Ni al azul del mar…

© Antonio Pardal Rivas.

30-enero-2006

Memoria histórica.


Reverbera en mi alma el eco impuro
de una horrible palabra que me aterra,
resonancia difusa en que la tierra
me anticipa los males del futuro.

Es un eco que surge de lo oscuro,
del pasado lejano de una guerra
cuyas rosas de sangre desentierra
la memoria latente en un conjuro.

Y susurran macabros los lamentos
olvidados al paso de los años
por sendas de perdones irredentos.

Mas de nuevo los ecos más extraños
recuerdan los letales argumentos
que llevan al martirio a los rebaños.

© Antonio Pardal Rivas

2-7-10

Adiós.


Hoy se llena mi pecho de congoja
al oir el cantar de los pardales
a la luz fastuosamente roja,
que alumbra en la mañana a los zarzales.

Y frente al tragaluz de mi ventana
me extasío bañándome en el sol
de una nueva y radiante filigrana
que cubre el firmamento de arrebol.

¡Cuantos días y cuantas alboradas
llegaron y se fueron silenciosas!
¡Cómo son todas ellas recordadas
cuando llega el final de tantas cosas!

El triste palpitar de un corazón
que a fuerzas de sufrir se encuentra herido
apaga lentamente el diapasón,
inmerso en el cansancio de un latido.

Son pocas alboradas, ya lo noto,
las que alumbran mi vida en el futuro,
pues algo en mi interior quedose roto
abrazado a mi pecho en un conjuro.

Y cuando falte el sol por el oriente.
Y cuando los zorzales queden mudos.
Y cuando el corazón quede silente,
dejando al firmamento ya desnudo…

Aún sentirás latir en tu memoria
una sutil y tierna melodía
recuerdo de la dulce y triste historia
de aquel que se marchó, solo, un buen día…

© Antonio Pardal Rivas.

10-11-08

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