Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para 23 abril, 2011

Disimulo


Cuando vuelves a casa y te encuentras cansada,
no quiero que aquí halles rescoldos de tristeza
que empañen la alegría de la dulce belleza
que emana de tus ojos. Y cuando enamorada

me abrazas, sonriente, al fin de tu jornada,
encubro la aflicción que ronda mi cabeza,
sacando de mi cuerpo la fuerza de flaqueza
para que tu alma siga feliz e ilusionada.

¡Fue tan grande la dicha que sentimos otrora…!
¡Tus ojos hechiceros aún guardan tal ternura…!
Que no quiero que notes la garra agobiadora

que atenaza mi pecho como una vil conjura,
al saber muy cercana la malhadada hora
en que habré de dejarte inmersa en la amargura.

© Antonio Pardal Rivas
29-10-07

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Hoy…


Sus ojos negros cruzaron,
con los míos su mirada,
mientras que su dulce boca
una sonrisa enviaba.

Fueron segundos eternos
que jamás olvidaré,
pues con los ojos me dijo
el amor que me tenía
esa divina mujer.

Fueron instantes fugaces,
e interminables también,
que siempre se alarga el tiempo,
cuando existe un gran querer.

Hoy la he visto sonreir
mirándome fijamente,
y a mi corazón ha vuelto
un sentimiento olvidado:
el de amar y ser amado.

Un instante se rozaron
nuestros dedos levemente.
Y al recordar todavía
ese contacto liviano,
me estremezco de pasión,
con el sublime deseo
de acariciarle sus manos.

Hoy contemplé su melena
tan rojiza como el fuego,
y cuando pienso en sus ojos,
y el fulgor de su cabello,
la tristeza me domina,
y de tanta pena, muero…

Hoy caí bajo el influjo
de su mirar sugerente,
y me envolvió la belleza
de su cara adolescente.

Mas recordé con tristeza
la pasada juventud,
y abatí mis viejos ojos,
hacia el suelo… lentamente…
deslumbrados por su luz…

© Antonio Pardal Rivas

Enero, 2006

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