Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

El triunfo del amor


Hubo una día en que el mar se transformó en la noche.
Y todo estaba oscuro.
Y todo silencioso.
Del cielo se marcharon miriadas de luceros.
El aire no existía,
ni el agua se movía.
Todo era tenebroso…

Yo quería gritar rompiendo el maleficio,
mas no surgía el sonido por más que lo intentaba.
Y en silencio lloraba
sufriendo tal suplicio.

Hubo un tiempo de muerte, de profunda negrura,
en que todo era paz.
Pero una paz extraña,
que me mataba el alma,
plagada de amargura…

¡Hasta la misma Luna del cielo se había ido,
dejando el firmamento sin su plateada luz!
¡Ay, malhadada noche que nunca terminaba,
pues también había huído
la luz de la alborada…!

Y yo, triste, pensaba, al ver tanta quietud:
¿Cual será el gran pecado que se habrá cometido?
¿Qué cosa habrá pasado
para que se hayan ido?

¡Amargura infinita que embarga el alma mía!
¡No gimas sin motivos!
¡Ya volverá de nuevo la luz de un bello día!
¡Ya acabará tu cruz…!

Yo sé que habrá un instante de dicha y alegría,
en que amanecerá.
Y un sol esplendoroso
calentará otra vez el frío que me embarga,
naciendo un nuevo día pletórico de luz…

Yo sé que habrá un instante en que esta pesadilla
sin duda, acabará…
y llegado el momento de una nueva alborada

¡El amor triunfará…!

© Antonio Pardal Rivas

Octubre 2004.

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Comentarios en: "El triunfo del amor" (7)

  1. OSWALDO GRANADOS dijo:

    ME FASCINO ESTE POEMA.GRACIAS POR EL TALENTO QUE COMPARTE.

  2. Gracias Oswaldo, por el amable juicio que emite sobre mi poema.

    Saludos

  3. staf loos dijo:

    dit zijn prachtige gedichten en een zeer mooie site ,bravo Signor Rivas

  4. deisy leon dijo:

    gracias por compartir sus lindos poemas,

    saludos

  5. Esta poesía la escribí en un momento de mi vida en que me sentía plenamente feliz. El argumento era pura invención poética. No sabía entonces que estaba dando luz a una verdadera profecía de lo que iba a transformar a mi vida en el infierno por el que estoy cruzando actualmente, abandonado, no sé por qué motivo, por la mujer que más he querido en mi vida y a la que querré eternamente. Acabo el poema con la exclamación de “El amor triunfará”. Quiera Dios que esta frase sea también profética…

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