Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para febrero, 2011

El río


Me paso ya mi vida en la ribera,
tumbado sobre el campo florecido
de nardos, margaritas y amapolas,
soñando aquellos días hoy perdidos.

Escucho el ulular de la alameda
mezclado con el canto de los grillos
e inhalo tristemente los aromas
de rosas, albahacas y tomillo,

creyendo que te tengo todavía
oculta tras la sombra del gran tilo,
los cuerpos abrazados tiernamente,
envueltos por el trino de los  mirlos.

Parécenme tan vivos los recuerdos
que embargan mis sentidos y delirios
que a veces, quedamente, incluso escucho
el dulce diapasón de tus suspiros.

Y así paso las horas tristemente
luchando con la pena de mi sino
pensando en el amor que me entregaste,
ocultos en la umbría de aquel sitio.

Te busco entre las aguas turbulentas,
volviendo a mi memoria el paraíso
que juntos disfrutamos abrazados,
debajo de las flores de los mirtos.

Mas Dios Omnipotente un triste día
quitome tu hermosura en un descuido,
dejándome sumido en soledades
que pronto acabarán también conmigo.

Es tanto el sufrimiento de mi pecho
al verme abandonado en mi escondrijo,
buscando con locura tus caricias,
perdidas en el bravo correntío,

que pido a Dios llorando humildemente,
me lleve a mí también a estar contigo,
al sitio en que descansas solitaria,
aquí, junto al ribazo, en nuestro río.

© Antonio Pardal Rivas

3-07-07

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Dicen


Dicen que por maldad vas a engañarme,
que te cuide y vigile a todas horas
pues puedes ser capaz de traicionarme…
¿Como van a saber lo que me adoras?

Dicen que decidiste abandonarme
y que ya mis caricias nunca añoras,
habiendo comenzado a despreciarme…
¿Como van a soñar en tus auroras?

Dicen que tu mirada está muy triste
mostrando claramente lo que lloras.
¿Como van a saber lo que reiste?

Nadie sabe el amor que me ofreciste,
ni la dulce bondad que tú atesoras.
¡Solo yo sé la dicha que me diste…!

© Antonio Pardal Rivas

Septiembre-2005.

Venus andaluza. Soneto dactílico


Negro azabache ilumina tus ojos.
Leve tu risa contagia alegría.
Bella es tu voz de tan dulce armonía
que me conforta de espinas y abrojos.

Muero al fundirme con tus labios rojos,
grato panal que rebosa ambrosía,
preso y cautivo de tal brujería
que cicatriza mis penas y enojos.

Eres mi tierna y radiante azucena,
pues tu candor y mimosa ternura
es talismán que a mi pecho enajena.

Ciñe mi cuerpo con suave atadura
y únceme a ti con liviana cadena
junto por siempre a tu dulce hermosura.

© Antonio Pardal Rivas

14-04-07

Despacio


Quiero seguir con ella y soy reacio
a dejarla sumida en la amargura.
Es tan grande mi amor y su ternura
que de verme en sus ojos no me sacio.

Despacio, Dios inmenso, muy despacio,
ve llevándome al fin de mi andadura,
que es abrupto el camino y su angostura
dificulta el andar por este espacio.

No me quites la dicha todavía,
de gozar a mi edad de este amor tierno
que me hechiza y subyuga cada día.

Déjame un poco más en este invierno
de frío, de tristeza y agonía,
que a mí se me figura un Cielo eterno.

© Antonio Pardal Rivas

08-02-07

Sigue… Soneto dodecasílabo.


 

Sufre, alma, sufre inerme la tortura
de arrastarte por el piélago azaroso
mientras subes tu camino pedregoso,
por hediondo cenagal, en noche oscura,

No tropieces en la oculta cortadura
de la trampa que coloca el mal doloso,
soslayando al rufián y al alevoso,
y elevando tu mirada hacia la altura.

¡Sufre y calla cuando ataque la ignorancia!
¡No repliques la insolencia del airado!
¡La incultura, por sí sóla, es muy osada!

¡Cruza incólume la huera altisonancia,
sin parar ante el insulto del malvado!
¡Sigue y calla, cual si no pasase nada…!

© Antonio Pardal Rivas

Noviembre, 2005

La lanza


 

Cual viento que recorre la pradera
galopa con su loco frenesí,
gozando de la carga que transporta
abrazada a su lomo carmesí.

Sus pezuñas resuenan como el trueno
embriagado sintiendo sobre sí
las caricias que leves van dejando
diez dedos con aroma de alhelí.

Y relincha y patea con cabriolas
pretendiendo hacer suyo sin herir
ese cuerpo hechicero que cabalga
tras el asta que jamás lo puede hendir

¡Es locura, pasión y desvarío
que siente el unicornio! ¡Es sinvivir,
sabiendo que por más raudo que corra
a la dama jamás podrá rendir…!

¡Y muere al conocer que la doncella
de tierno cuerpo blanco de marfil
jamás será gozada por su lanza,
pues vuela eternamente tras de sí!

© Antonio Pardal Rivas

28-5-10

Cautivo. Soneto dactílico asonante.


Cautivo soy de tu tierna mirada.
Cautivo soy del cristal de tu risa.
Y cuando beso tus labios cautivan
tiernos anhelos que esconde mi alma.

No me liberes jamás de la trama
con que me enredas en dulces caricias,
que quiero esclavo seguir en la vida
de esos tus brazos que fuertes me amarran.

Y si algún día te cansas de ser
mi dulce dueña y tenaz carcelera
no manumises mi alma otra vez.

Antes que ser tu liberto me llevas
como la brisa que roza tu piel
o ese perfume que nunca te deja.

© Antonio Pardal Rivas

25-06-07

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