Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para 18 enero, 2011

¿Amor?


¿Amor?
¿Tú me hablas de amor, mujer bella…?
¿Tú te precias de saber que es eso…?
¡Si no sabes sentir ese dulce embeleso…!

¡Ay amiga, que pena me das!
¡El amor no es eso que tú vas cantando!
El amor es más, ¡mucho más!
¡El amor es dar sin pedir nada a cambio!
El amor es rosa que da su fragancia,
a larga distancia.
El amor es querer lo mejor para el otro
con toda tu alma…
El amor es entrega, es ofrenda, es dulzura.
El amor es ternura.
Es saber que el amado
no se siente jamás olvidado…

Eso y más es amor, vida mía:
es pensar cada día
cómo hacer más feliz a otro ser,
olvidando tus propios deseos.
Es gozar de ese dulce aleteo
de calmar su sed.

El amor es constancia,
enemigo de toda arrogancia,
es humilde, callado, silente,
y de toda maldad es carente.
El amor nunca busca el bien propio,
su mayor alegría
es vivir cada día
la dicha del otro.

El que ama dedica su vida
no a sentirse feliz; solo ansía
buscar la senda escondida
de cuidar a su amor, sin falsía.
Tú, mi dulce y preciosa azucena,
te la das de buena,
y vas pregonando a quien quiere oirte
los amores que nunca sentiste.

Pero te equivocas, mujercita hermosa,
¡¡Tú estas hecha para ser querida,
mas siempre haces daño, orgullosa,
y dejas abierta una herida…!!

© Antonio Pardal Rivas

Diciembre 2004

¡Cuánto duele!


¡¡Cuanto duele!!

Cuando el alma se entrega a un amor imposible,
cuando el ser se estremece tan solo al soñar
en rozar una mano que siquiera conoce;
cuando llegas a amar a otro ser de una forma increíble.

Cuando solo te embarga un profundo penar,
al saber que nunca podrás
besar unos labios, mirar unos ojos, sentir un aliento,
ni estrechar en tus brazos un cuerpo muy amado
que en tus fantasías tienes a tu lado.

¡¡Cuanto duele!!

¡¡Que daño hace!!

¡Cual lastima el desprecio, el desdén o el olvido
de ese ser tan querido!

¡Como mana del alma un reguero de sangre invisible,
al saber que una mano insensible
ha jugado con tus sentimientos!

Pero siempre te queda un consuelo:
mirar hacia el cielo y olvidarte de esa cruel veleta
que vestida de falsa poeta, tanto daño te hizo,
y elevando el vuelo, sublimar ese amor imposible,
restañar tus heridas,
y decir a quien tanto quisiste:

¡¡Que te vaya muy bien en la vida!!

© Antonio Pardal Rivas

Noviembre 2004

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