Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para 7 enero, 2011

Un año más


 

Sublime resplandor que a mi alma envuelve,
efluvio de un amor inmarchitable
que siente la ternura de adorarte
y no se cansa nunca de quererte.

Un año más pasé sintiendo al verte
la misma sensación dulce y constante
que ya inundó mi pecho al encontrarte,
oculta en el cariño que me ofreces.

Un año más teniéndote a mi lado
quitándome las piedras del camino
y dándome la ayuda de tus manos.

Cansado voy de humilde peregrino
que vive en el amparo de tus brazos
y avanza en tu ternura protegido…

© Antonio Pardal Rivas
23-12-07

Anuncios

La espera


 

Regaré con mi llanto aquel camino
por el que te apartaste de mi senda.
Beberé en los arroyos cristalinos,
aguardando, paciente, a que tú vuelvas.

Todas las tardes subiré al otero
hasta que llegues con tu andar pausado.
Todas las tardes gritaré: ¡Te quiero!,
y me diré: ¿Por qué se habrá marchado?

Y en las mañanas, al nacer el orto,
caminaré incansable por los campos,
buscando inasequible tu retorno
para que seques de mi rostro el llanto.

Y así, día tras día seguiré,
aguardando desandes el camino
que una vez recorriste con tus pies
sin pensar en lo duro del castigo.

Pues sé que llegará el feliz momento
en el que te convenzas que en la tierra,
nadie te quiere como yo te quiero.
Y ese día será cuando tú vuelvas.

Mientras llega la hora del regreso,
cuido en nuestro jardín tus azucenas,
oigo el rumor del agua en nuestro huerto,
y lloro recordándote con pena.

Mas no dudo del fin de esta tristeza,
y prosigo esperando tu llegada,
paciente, resguardado en la arboleda,
para darte otra vez toda mi alma.

© Antonio Pardal Rivas

Mayo – 2005

Me gustas


Me gustan tus senos turgentes.
Me gusta tu boca, tan linda y hermosa
con sabor a miel y perfume a rosa.
Me gustan tus ojos rasgados y ardientes.

Me gusta tu cuello de cisne.
Me encantan tus suaves mejillas,
tus manos, tus piernas, tu vientre,
tu cuerpo delgado de tierna chiquilla.

Y cuando en las noches de embrujo te estrechan mis brazos
y unimos las bocas en eterno beso,
recorre mi cuerpo un dulce embeleso,
preso en tus abrazos.

Y así, muy unidos en tierno retozo,
yo ya no soy hombre ni tú eres mujer,
pues nos transformamos en un solo ser
que gime de gozo

Gozo que recorre este único cuerpo
subiendo y bajando cual trozo de cielo
llevando el placer hasta lo sublime.
Calmando el anhelo…

Después, relajados, rendidos por esa delicia,
volvemos despacio a la realidad,
saciados, exhaustos de tanta caricia.
Inmersos en paz….

© Antonio Pardal Rivas

2004.

Amor


Jamás olvidaré tan dulces hechos.
Las bocas se fundían ciegamente
en beso interminable y absorbente
que nunca nos dejaba satisfechos.

Los brazos se enlazaban en estrechos
y cálidos engarces, vehemente
reflejo de pasión y tan ardiente
que ya no soportaban nuestros pechos.

Mi cuerpo penetraba en su interior,
sintiendo de su sangre los latidos,
hendiéndolo ardoroso con amor.

Tan grande fue el deleite en los sentidos
causado por un fuego abrasador,
que el orbe conmoviose entre gemidos.

© Antonio Pardal Rivas

17-05-07

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: