Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para enero, 2011

Almendros de mi Axarquía


Despacio va cambiando el bello manto,
destello de las nieves invernales,
y el brillo de las sierras colosales
parece que descuida su albo encanto.

Escurren las laderas como un llanto
los restos de nevadas torrenciales
con agua resurgida en manantiales
que entonan, cristalino, un dulce canto.

El frío del invierno se modera
y flores por doquier cubren la tierra
pintando de colores la campiña.

Y tierna va naciendo en primavera
la flor de los almendros de mi sierra,
más blanca que los senos de una niña.

© Antonio Pardal Rivas

14-3-09

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¡Qué pena…!


Niña de los ojos negros,
la de los ojos gachones.
La que a mí me da la vida
mientras me mata de amores.

La de la trenza morena
y cara de blanca luna.
La que me quita las penas
y quiero como a ninguna.

La de la boca de fresa
con aliento de azucena.
La que me abrasa al mirarme
con cara de niña buena.

La que muestra la cintura
sobre su falda vaquera,
con inocencia de angel
cimbreando sus caderas.

La del piercin y el tatuaje
en ese sitio escondido
que sólo se ve en la playa
al quitarse su vestido.

Niña de piernas muy largas,
con senos duros y erguidos,
que se mueve como el junco
que nace junto a los rios.

¡Que pena, siento, que pena,
cuando mis ojos le miran,
poco a poco, despacito,
su cara de niña buena…!

© Antonio Pardal Rivas

Marzo, 2006

Sevilla


http://www.fotomusicavideo.es/peliculas/sevilla/indexsevilla.htm

 

Novena sinfonía de Beethoven. Parte coral.


AMADA EUROPA

Crisol de un universo en que me hundo
en piélago de aguas fantasmales,
refugio de emergentes impiedades
que olvidan el valor de lo fecundo.

Reboso de dolor al ver un mundo
que surge de unos fondos abisales
plagado de mentiras y maldades,
dosel de un continente moribundo.

¡Ancestro de una tierra que fue faro
de un orbe que se quema como estopa,
no dejes al humano en desamparo!

¡Ayer Santo Grial y dulce copa,
refugio de lo hermoso y lo preclaro,
devuelvenos tu luz, amada Europa!

© Antonio Pardal Rivas
20-06-08

Al alba. Soneto dodecasílabo.


 

Al alba despierto buscándote a ti,
que plácida duermes tranquila en el lecho
y suave acaricio tu divino pecho
que guardas, oculto, sólo para mí.

Cuando abres tus ojos y dulce me besas,
me embrujas con sueños de tiernos amores
que saben a miel y huelen a flores,
quemando mi alma como mil pavesas.

La luz hechicera que el alba produce
me impulsa a abrazarte, divina mujer,
gozando en mi boca la miel de tus besos.

Es ese,  lo juro, el momento más dulce.
Cuando tu hermosura vuelvo a poseer
y siento tus labios de mis labios presos.

© Antonio Pardal Rivas

Enero, 2006

Olvido


 

El poeta también siente pena,
siente pena de su soledad.
Que a los hijos que un día lo olvidaron,
no puede olvidar.

Que poco cariño mostramos al padre
cuando aún está vivo.
Y como añoramos después, con los años,
al que ya se ha ido.

Como gime el humilde viejito
que en la vida todo lo entregó,
recordando a su prole querida
que ahora lo olvidó.

Esa oculta y callada tristeza
que sufren los viejos,
al ver que sus hijos queridos
se olvidan de ellos,

es quizás el dolor más profundo
que puede sentirse en la vida.
Es desgarro que al alma lacera,
con punzante herida.

¡Cuantas penas esconden las tumbas!
¡Qué amarguras por falta de amor!
¡Como ocultan a aquellos que quedan,
su extinto dolor!.

El poeta también siente pena,
siente pena de su soledad.
Que a los hijos que un día se fueron,
no puede olvidar…

© Antonio Pardal Rivas

Diciembre, 2005

¿Amor?


¿Amor?
¿Tú me hablas de amor, mujer bella…?
¿Tú te precias de saber que es eso…?
¡Si no sabes sentir ese dulce embeleso…!

¡Ay amiga, que pena me das!
¡El amor no es eso que tú vas cantando!
El amor es más, ¡mucho más!
¡El amor es dar sin pedir nada a cambio!
El amor es rosa que da su fragancia,
a larga distancia.
El amor es querer lo mejor para el otro
con toda tu alma…
El amor es entrega, es ofrenda, es dulzura.
El amor es ternura.
Es saber que el amado
no se siente jamás olvidado…

Eso y más es amor, vida mía:
es pensar cada día
cómo hacer más feliz a otro ser,
olvidando tus propios deseos.
Es gozar de ese dulce aleteo
de calmar su sed.

El amor es constancia,
enemigo de toda arrogancia,
es humilde, callado, silente,
y de toda maldad es carente.
El amor nunca busca el bien propio,
su mayor alegría
es vivir cada día
la dicha del otro.

El que ama dedica su vida
no a sentirse feliz; solo ansía
buscar la senda escondida
de cuidar a su amor, sin falsía.
Tú, mi dulce y preciosa azucena,
te la das de buena,
y vas pregonando a quien quiere oirte
los amores que nunca sentiste.

Pero te equivocas, mujercita hermosa,
¡¡Tú estas hecha para ser querida,
mas siempre haces daño, orgullosa,
y dejas abierta una herida…!!

© Antonio Pardal Rivas

Diciembre 2004

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