Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para noviembre, 2006

SILENCIO


 

Ese silencio que guarda tu boca
cuando diriges a mí tu mirada
llena mi pecho de hermosas cantatas
de las que, tiernas, escucho sus notas.

Ese silencio enmarcado en las orlas
del sentimiento que alberga tu alma
es como un grito de amor y esperanza
que tu pupila irisada me arroja.

¡Dulce silencio que el alma te adorna!
Cuando te miro despacio a la cara
tus bellos ojos destilan su aroma,

y me transmiten, sin una palabra,
la gran ternura y amor que atesoras
mientras tu voz permanece callada!.

© Antonio Pardal Rivas

25-noviembre-2006

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LABIOS


 

Labios que encuentran la fe en otros labios
en las etapas del largo camino
que el hombre cruza como un peregrino
dejando atrás sus recuerdos y agravios.

¡Cuanto silencio se esconde en los sabios
pasos que marcan su pobre destino,
mientras procura, con paso cansino,
guardar ocultos pasados resabios!

Mas otros labios le dan su calor
y con sus besos le borran las penas
que le acompañan cual grávidas cargas.

Labios que unidos se colman de amor
hasta dejar a las almas serenas
sin recordar andaduras amargas

© Antonio Pardal Rivas

20-noviembre-2006

OJOS


 

Ojos que miran con suave dulzura
y que me hace feliz contemplarlos,
pues me transmiten tan solo al mirarlos
ese caudal que me ahoga en ternura.

Ojos que cantan la suave blancura
de un alma tierna que goza al mostrarlos,
y que me invitan tenaces a amarlos,
al enseñar de su dueña la albura.

Dicen que son el espejo del alma,
y que tras ellos se ve la fragancia
del tierno amor que su brillo resguarda.

Y así tus ojos transmiten la calma,
al hechizar con la leve prestancia
de esa bondad que en tu pecho se guarda.

© Antonio Pardal Rivas

20-noviembre-2006

RETORNO


Y cuando, dulce, hayas vuelto al hogar
te besaré en tu rincón preferido,
sin que me escuches siquiera un gemido.
Y volverá mi garganta a cantar.

Comenzaré nuevamente a abonar
el campo yermo dejado en olvido,
y ese jardín por los dos tan querido,
empezaré otra vez a cuidar.

¡No volverás ya jamás a marcharte
por los caminos y sendas torcidas
para buscar horizontes lejanos,

pues estaré junto a tí para amarte
con las caricias que huyeron, perdidas,
que encontrarás nuevamente en mis manos!

Antonio Pardal 

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