Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para agosto, 2006

AÑORANZA


 

Hoy, que siento en mi alma la añoranza
de un cariño sincero, ya pasado,
no borro de mi pecho la esperanza
de tenerlo otra vez aquí a mi lado,

pues los celos, cual sombras del Averno,
mataron el amor en nuestras vidas,
lastimando un cariño dulce y tierno,
dejando nuestras almas malheridas.

Los años van pasando lentamente,
lacerandome el pecho, poco a poco,
pues no puedo mirarla frente a frente
y estalla mi garganta en mil sollozos.

Hoy, con ansia, quisiera recobrar
aquella adoración sincera y bella,
volviendo en su mirada a contemplar
la luz del firmamento y sus estrellas.

Aún aguardo, iluso, el reencuentro,
de mi alma con su alma tan querida,
silenciando el dolor que llevo dentro
y que lento, va quitandome la vida.

Y aunque lejos de mí su luz alumbre,
jamás mi gran amor perecerá,
callado, con la triste certidumbre
de saber que ya nunca volverá…

© Antonio Pardal Rivas

Agosto-2006

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ÁGUILA



¡De que modo atraviesa los cielos,
majestuosa, cual reina solemne,
oteando, aquí abajo, en el suelo,
al ser vivo, pequeño e inerme!

¡Cómo envidio su ver penetrante
cual los dioses de antiguas culturas,
que observaban las luchas del hombre
desde lejos, allá en las alturas!

¡Quién pudiese tener la agudeza
que a sus ojos dotó el Creador,
para ver, de tan lejos, las cosas,
en su máxima luz y esplendor!

¡Si así fuese, yo a ti te vería
por muy lejos que tú te encontrases,
y tu cuerpo a mi lado tendría
mientras Helio y su luz alumbrase!

¡Quién pudiese tener el olfato
que posee el humilde perrillo,
para oler a lo lejos tu aroma
de azucena, azahar y tomillo!

¡Quién pudiese gozar del oído
de la grácil y hermosa gacela,
para oir cuando solo me siento
el rumor de tu cálida estela!

¡Quien pudiera, mi Dios, quien pudiera
disfrutar de los cinco sentidos
que los hombres ya casi perdimos
y otros seres mantienen aún vivos!

Es tan grande el amor que me invade
que quisiera poder contemplarte
con la vista del ave rapaz
y de lejos mirarte y mirarte.

Y captar tus aromas, también muy de lejos,
sin dejar de escucharte jamás.

Es tan grande el amor que te tengo…
que, cual águila inmensa, quisiera volar.

Antonio Pardal

Agosto-2006

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