Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para mayo, 2006

DESVELO


 

Cuando estás dormida,
descansando a mi lado en el lecho,
y yo, desvelado, me encuentro despierto,
mis ojos contemplan tu cara con dulce embeleso.

Cuando estás dormida,
gozando del tierno placer de tus dulces sueños,
me acerco a tu rostro sin ser descubierto
y aspiro anhelante, en tu boca, su fragante aliento.

Cuando velo de noche a tu lado
me paso toda ella esperando escuchar de tus labios
el suave murmullo, el tierno gemido,
de un leve suspiro.

Y sigo las horas y horas velando tu sueño,
aguardando paciente el momento
en que muevas, dormida, tu cuerpo
y roces un poco mi cara con tu suave pelo.

Ya en la madrugada,
cuando nos rodea tan sólo la paz y el silencio,
susurro bajito a tu oído, en tono muy quedo…
¡Mi vida, te quiero!

Y pienso, muy quieto abrazado a tu cuerpo,
¿Por qué, Dios del Cielo?
¿Por qué no me cabe en el pecho el amor que le tengo?
¿Por qué esta locura de amor me mantiene despierto…?

Solo en la mañana,
cuando ya las luces del alba iluminan el lecho,
entreabres tus ojos y me miras tranquila, amorosa
y estrechas muy fuerte tu cuerpo a mi pecho.

Ese es el momento
en que, como loco, con pasión inmensa,
te beso, te mimo, te abrazo, te muerdo…
y surge de mi alma el clamor de un ¡Te quiero…!

Ese es el instante
en que tú, callada, me ofreces tu cuerpo.
Ese es el minuto, en que entre caricias, gemidos y besos,
tu ser anhelado poseo…

© Antonio Pardal Rivas

Mayo-2006

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SUEÑOS


¡Sueños, sueños… sueños de felicidad!
¡Ilusiones de una vida que jamás terminará!
¡Alegrías, risas locas, besos, abrazos, caricias!
¡Así vemos la existencia en el corto festival
que envuelve a la juventud, en una dicha ficticia!

Mas en un tris, tras, un salto, un segundo nada más,
finalizan esos sueños y empieza el alma a penar.
¡Como se va la belleza, sin darnos cuanta siquiera,
de la arribada imparable que, sin llegar a avisar,
roba al cuerpo su alegría y su engañosa quimera.!

Y es entonces cuando el alma descubre la realidad
de una vida que fue un sueño, una ilusión nada más.
El llanto cubre la cara, surcada por mil arrugas,
y el corazón se desboca al no querer aceptar
que todo fue un espejismo que acabó en cruel amargura.

¡Sueños, sueños… sueños locos,
que en un tiempo muy lejano creímos que eran eternos!
¡Varios giros de la tierra alrededor del dios Sol
y esos sueños juveniles se convierten en infiernos!
¡En infiernos de tristeza, de abandono y de dolor!

¡Sueños que fluyen del alma mientras que triunfa el amor!
¡Malditos sueños que mueren antes de nacer siquiera,
y que, ladinos, ocultan de la vida su terror!
¡Malditos sueños que cantan al amor en primavera,
olvidados del invierno… cuando no calienta el sol…!

Antonio Pardal

Mayo-2006

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