Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para abril, 2006

OLVIDO


 

¿La recuerdas?
¿Recuerdas aquella noche?
¿Cuando me diste aquel beso
en el cesped del jardín,
envueltos por el aroma
de aquel frondoso jazmín?

¿Tan pronto la has olvidado?

¡Que poca memoria tienes!

¿No recuerdas nuestras lenguas
jugueteando entre sí,
mientras tu cuerpo adorable
me dejaba entrar en tí?.

¿Se te ha olvidado el quejido
que tu garganta exhalaba,
mientras que yo, con dulzura,
tus senos acariciaba?

¿Se te ha olvidado el rasguño
que con tus uñas me hiciste
y el bocado que en mi labio,
sin contenerte me diste?

¡Que poca memoria tienes!

¡No te comprendo, mujer!

¡No entiendo tu gran olvido!

¿Cómo me dices ahora,
que entre nosotros no hay nada?
¡Si yo no puedo olvidar
cada poro de tu cara!

¡Si ya me paso la vida
recordando tus suspiros!
¿Por qué me dices ahora
que es falso lo que yo digo?

¡Que poca memoria tienes!

Pero por más que lo niegues
yo sé que tú fuiste mía,
en el jardín de tu casa,
con la luna por testigo.

Y me juraste mil veces
que sólo a mí me querías.

Y si niegas lo evidente
y me pones de embustero,
pues te salió un pretendiente
al que le sobra el dinero,
comprenderé tu postura
y tu desdeño fingido.

Y guardaré hasta mi muerte
el recuerdo de tus besos
y de tus tiernos quejidos,
aunque el dinero maldito
me robase arteramente
lo que yo más he querido…

© Antonio Pardal Rivas

Abril de 2006

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MI DULCE AMAPOLA


 

Cuando pasen los años y te quedes sola
y en la oscura penumbra del lar solitario
recuerde tu mente mi inmensa ternura,
Llorarás…

Cuando lento el reloj te marque las horas
y veas mi ropa guardada en su armario,
sintiendo en tu pecho una triste amargura,
Llorarás…

Cuando cruces el prado que vió nuestros besos,
en ese recodo que tú y yo sabemos,
y busques y no halles amor como el mío,
Llorarás…

Cuando, sola, mi vida, añores todo eso
que gozas ahora, cuando aún nos tenemos,
y loca me llames en tu desvarío,
Llorarás…

Cuando sueñes de noche que estoy a tu lado,
recordando aterrada, al llegar la aurora,
que mi alma, cansada, al cielo ha volado…
Llorarás…

Llorarás maldiciendo las horas perdidas,
cuando ya sea imposible volver a encontrarlas.
Llorarás con angustia infinita, al verte tan sola…

¡Mi dulce amapola…!

© Antonio Pardal Rivas

Abril-2006

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