Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para noviembre, 2005

SUAVEMENTE…


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Suavemente…

Suavemente te metiste en mi vida
como gota de rocío que, despacio,
humedece en la mañana las espigas.

Suavemente…
fuiste haciendote mi dueña.
sin ruídos, ni alharacas, ni con prisa.

Suavemente…
como sopla en primavera,
en el mar la fresca brisa.

Suavemente…
penetraste en mi alma.
Solo usaste, de tus ojos, la mirada,
la belleza de tu risa y el candor de tus palabras.

Y con solas esas armas,
sin que yo me diese cuenta,
conseguiste que te amase locamente…

Suavemente…

© Antonio Pardal Rivas

Noviembre, 2005

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MI ANDALUCÍA


 

Hay un lugar en mi Andalucía
en que las rosas florecen y el ave gorjea,
donde el olor a azahar, cual dulce ambrosía,
de intenso, marea.

Discurre el agua por acequias moras,
bajando lenta en suaves cañadas,
que en noches de ensueño, al llegar la aurora,
suenan a cascadas.

Es tal la hermosura de este rinconcito
que me duele el alma de saberlo mío,
es mi paraíso, tranquilo y bendito,
lejos del gentío.

Aquí es donde quiero terminar mis días,
muy cerca del mar, mi otro gran amado.
En paz, olvidado, en sus cercanías,
con él a mi lado.

Este vergel mío, en tierra escondida,
lo guardo muy oculto de ajenas miradas,
es la recompensa de toda una vida
ya casi acabada…

Solo lo comparto con un ser querido,
ese ser tan bueno a quien tanto amo,
el que a mi verita, fiel, ha recorrido
mi último tramo.

¡Bendita la tierra que Dios me ofreció!
¡Bendita su gente, bendita su luz!
¡Bendito el orgullo que mi alma sintió,
de ser andaluz!

Y cuando me vaya al reposo eterno
entre los vergeles de esta patria mía,
quiero que me acoja con amor materno,
..mi Andalucía…

 

© Antonio Pardal

OASIS


 

Dulce como la ambrosía
es el néctar de tus besos.
Suave como el terciopelo,
es tu bellísimo cuerpo.
Blancos cual cimas nevadas
dulce amada, son tus senos.
Grande como el universo
es el amor que te tengo.

Oasis de palmerales,
húmedo de limpias aguas,
con frescuras infinitas,
con el ardor de una fragua,
es la fuente de la vida
que allá escondida, tú guardas.

Y cuando trepo a las cimas,
acaricio el terciopelo,
tu resplandor me ilumina
y tu dulzura compruebo,
un sinvivir me arrebata,
y mi corazón estalla.

Vivo y muero al mismo tiempo,
pues la pasión se me escapa.

Y entonces, enloquecido,
con una furia ignorada,
con un amor más inmenso
que una fulgente galaxia,
busco con ansias la entrada
del edén que oculto guardas…
hasta encontrar el reposo…
fundiendo nuestras dos almas…

© Antonio Pardal Rivas.

2 Noviembre 2005

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