Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archivo para noviembre, 2005

14 de febrero


La luz era tenue…
La música suave y muy dulce…
Estábamos solos en casa,
y fuera, tras de las ventanas,
brillaban, radiantes, las luces.

La nieve cubría las calles
con un blanco manto de armiño,
pero en el salón que nos cobijaba,
las llamas del lar crepitaban
templando el ambiente con cómplice guiño.

Tú estabas descalza…
Un tul trasparente tu cuerpo cubría…
y alada bailabas a un ritmo muy lento…
Y yo, hiptotizado por tanta belleza,
de amor y ternura, lloraba y reía…

Tus ojos, rasgados, me miraban fijos,
tus labios sensuales, rojos como fresas,
mostraban, sonrientes, nacaradas perlas,
mientras tus caderas, como olas marinas,
movíanse lentas por mis ojos presas.

Encima del bar dos copas vacías,
del cava español que habiamos bebido.
Y al ritmo del baile, con magia infinita,
movias tus manos, lanzándome dulce,
tu muda llamada, con leve quejido…

Era un día catorce del mes de febrero…
No olvido el embrujo que nos envolvía…
Mis brazos, con fuerza, tu cuerpo abrazaron,
y allí se fundieron, tambien para siempre,

tu alma y la mía….

 

© Antonio Pardal Rivas.

Enero-2005

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NAVIDAD


 

¡Angeles!

¡Entonad la mas bella canción
que jamás haya sido cantada
que ha llegado la excelsa ocasión
a lo largo del tiempo esperada!

¡Angeles!

¡Anunciadnos la gloria de Dios!.
¡Que a la Tierra su Hijo ha bajado,
para darle consuelo y amor
a los pobres y a los desdichados!

¡Angeles!

Que los cielos y la Tierra se unan
alabando su inmensa bondad.
Que los cantos que entoneis reflejen
la grandeza de su caridad.

¡Angeles!

Vuestro hálito eterno proclame,
la armonía de la creación.
Cantad Querubines, Tronos, Potestades,
cantadnos la gloria del Sumo Hacedor.

¡Angeles!

No olvideis al cantar tanta gloria,
al Ser más sublime que Dios ha creado,
y cantad la pureza de su Madre Virgen,
que reina en el Orbe junto al Hijo Amado.

¡Cantad, serafines, dulces melodías,
que, mágicas, loen la Gloria de Dios,
pues hoy, Navidad, ha llegado el día
en que el Hacedor de todas las cosas,
en Belen nació…!

© Antonio Pardal Rivas

Diciembre, 2005

AGONÍA



 

Siento tristeza en el alma
contemplando tu agonía,
gobernada por dementes
que te humillan a porfía.

Siento un dolor infinito
que me corroe las entrañas,
observando a españoles
como reniegan de España.

Me embarga una pena inmensa
viendo a la gente impasible,
que ante afrentas y desaires,
siguen su vida insensible.

Me dan ganas de llorar,
España, madre sagrada,
cuando contemplo tu enseña
quemada y vilipendiada.

¡Madre de veinte naciones!
¡Durante siglos, grandiosa!
¿Por qué, cuando despertabas,
vuelven a hundirte en la fosa…?

España, tierra querida,
vergel de hermosa belleza.
¡Malas mentes hoy te rigen,
llenas de odio y bajeza!

Se han perdido los valores
de libertad y justicia,
y falsean hasta tu historia
con inaudita malicia.

Y así se inventan agravios,
y hechos diferenciales,
recordando viejos pleitos
y olvidando lealtades.

¡Amo tanto tus rincones,
desde Creus a Punta Umbría,
que al ver como te destrozan,
lloro por ti, Patria mía…!

© Antonio Pardal Rivas.

Noviembre 2005

MELODÍA



 

Adorable melodía,
que encontré sin yo buscarla,
en un disco de vinilo,
ya por todos olvidada.

Cuando sonaron las notas
de aquella hermosa canción
que hace mil años bailamos
besándonos, ella y yo,

sentí como un gran desgarro,
como una inmensa tristeza,
recordando el dulce tiempo
que gocé de su belleza.

¡Ay, canción que me has traído
este recuerdo fugaz
de la juventud pasada
que nunca más volverá!

¡Dulce música olvidada,
que al sonar me devolvió,
el sabor y la ternura
del amor que nos unió!

Son milagros de la mente,
que va guardando, a escondidas,
los momentos más hermosos
que gozamos en la vida.

¿Por qué sentí al escucharla
tanto dolor y alegría?
¿Por qué lloraban mis ojos,
mientras mi alma reía…?

¡Nostálgica melodía
que sin buscarla encontré,
dile, si ella te escuchase,
que aún la amo… como ayer…!

© Antonio Pardal Rivas

Octubre de 2005.

CLEMENCIA


 

Y llegará algún día que ya no puedas más,
cayendo destrozado como un simple cristal.
Y llegará el momento en que estalle tu pecho,
y tu alma será solo otro vulgar desecho.

Y llegará la hora que explotes de dolor,
gritando, desgarrado, que te falta el amor.
Y llegará el segundo, fugaz, como la luz,
en que, triste, desistas de soportar tu cruz.

Y cuando tu alma se halle bordeando la locura
y hayan borrado de ella su proverbial ternura…
entonces, solo entonces, descubrirás mi Amor,
con tu ser hecho añicos, como un roto crisol…

© Antonio Pardal Rivas.

Octubre 2005

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EL TIEMPO EN MÁLAGA


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