Pequeña antología poética de Antonio Pardal Rivas.

Archive for octubre, 2011

Alégrate.

Alégrate, mi vida, no estés triste. No pienses en los años que has cumplido. Es prueba de que alegre has recorrido la senda que detrás siempre tuviste. Delante mira solo, pues existe un tramo que se encuentra aún escondido, que puede ser radiante y florecido premiándote el amor que repartiste. La vida es ignorada singladura [...]

Ella.

A veces me pregunto, envuelto en cruel tristeza: Si vivo aún a su lado, ¿Por qué todo cambió? ¿Por qué, aunque trate de reir, mi corazón, petrificado, sangra? ¿Por qué, cuando miro sus ojos, se tornan los míos manantiales de llanto interminable? ¡Que horrible es la muerte! ¡Que aciaga la vida! ¡Oh, Ser misterioso que [...]

Vejez.

Cuando veo esos ojos tan tristes. Cuando observo esos pelos canosos y ralos. Me pregunto, ¿Tú eres quien fuiste? ¿Que queda de ti? Pero el alma, maldita, me engaña, y dice, ladina, no creas al espejo, que miente, pues tú sigues siendo el mismo de siempre, aquel joven con ojos brillantes, aquel hombre con pelo [...]

La boira.

La boira grita muda del espanto oyendo los rugidos de lo oculto inane ante la muerte y lo insepulto del alma que se ahoga en fiero llanto. Y mientras allá lejos se oye el canto de seres sin gargantas. Y el insulto surgido del fragor y del tumulto de huesos que no tienen camposanto. La [...]

La partida.

Llegada ya es la hora en que, pausada, la rosa del jardín se va mustiando, y falta de su savia, va dejando sus pétalos caer en la enramada. Entrado ya es el tiempo en que, cansada, el alma, lentamente caminando por trágico sendero, va evocando jirones de una vida ya pasada. Comprende que jamás verá [...]

Llegará.

Y gritarás con miedo al ver a los humanos luchando con fiereza hermano contra hermano. Tus ojos llorarán con lágrimas de sangre, sintiendo los zarpazos que va impartiendo el hambre. Y cuando, humilde, pidas algo de amor y paz recibirás el eco del odio y la maldad. ¡Humanidad perdida en sueños de avaricia, donde tan [...]

Gacela.

Gacela de mis montes malagueños, tus ojos son más dulces que la miel; me embruja la blancura de tu piel, candil albo que alumbra mis ensueños. Me embriagan tus aromas almizcleños unidos a tu boca de hidromiel y a un cuerpo modelado en el troquel de gráciles y espléndidos sureños. Quisiera descansar en el recodo [...]

Pasa el tiempo.

El tiempo pasa raudo y tan fugaz que no apreciamos su veloz transcurso. Solo al mirar atrás se ve el discurso de ese desconocido tan voraz. Ayer mismo aquel hijo fue un rapaz carente por sí sólo del recurso para desenvolverse en el concurso de una engañosa vida harto falaz. Llevo marcada en mi memoria [...]

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